sábado, 14 de mayo de 2011

Derecho, cachivaches y maquinitas.


Cuando empecé a trabajar como Abogado todavía usábamos los libros de Aranzadi de Legislación y Jurisprudencia, esos que hoy en día sirven, fundamentalmente, para adornar estanterías. Luego llegaron los ordenadores con letra blanca o naranjilla sobre negro y las bases de datos, primero en un disco y solo en un equipo al que había que ir para hacer la consulta. No había redes.

Todavía me acuerdo de la sensación de los primeros teléfonos "móviles", unos auténticos trastos montados en coches de lujo.

Mi hermano me decía que para qué quería un ordenador si tenía una máquina de escribir eléctrica.

Y muchos dijimos que nunca tendríamos móviles: hoy en día casi todo el mundo tiene y no solo para llamadas y mensajes cortos sino también para acceder a la red de redes y al correo electrónico. Que es casi imprescindible.

Los clientes esperan que respondas al minuto. Y se reciben decenas de mensajes al día. La gestión del correo electrónico pasa a ser una habilidad esencial.

La verdad es que soy de los "conectados" casi permanentes, y no solo por el trabajo, aunque hayan sido necesidades profesionales las que me hayan convertido, como a muchos, en un e-abogado.

Saludos cibernéticos.