lunes, 23 de marzo de 2015

¿Tiene límites el secreto profesional?




Según el Código Deontológico aprobado en el Pleno del Consejo General de la Abogacía Española, “El deber y derecho al secreto profesional del Abogado comprende las confidencias y propuestas del Cliente, las del adversario, las de los compañeros y todos los hechos y documentos de que haya tenido noticia o haya recibido por razón de cualquiera de las modalidades de su actuación profesional”.

Así que, cabe preguntarse, ¿no podría denunciar ni revelar que mi Cliente del recurso contencioso-administrativo torturó y mató a siete mujeres y las enterró en su jardín?, cuando acaso al mismo tiempo otra persona, inocente, está siendo encausada por esos hechos.

Vuelvo a leer el Código: “El secreto profesional es un derecho y deber primordial de la Abogacía. En los casos excepcionales de suma gravedad en los que, la obligada preservación del secreto profesional pudiera causar perjuicios irreparables o flagrantes injusticias, el Decano del Colegio aconsejará al Abogado…”.
 
Entonces, ¿depende del Decano del Colegio que denuncie los siete cuerpos de mujer torturadas y asesinadas en el jardín de mi Cliente del recurso contencioso-administrativo? ¿Y si el Decano considera que no debo hacer nada? ¿Y si condenan al inocente?
 
Por ejemplo, la Sentencia de la Audiencia Provincial de Las Palmas de 12 de noviembre de 2001 se refiere a que “La cuestión que se plantea es determinar si la entrega de la documentación aportada por el Letrado a la Fiscalía y al Juzgado y que el abogado había recibido de su cliente… y, por tanto, su contenido estaba protegido por la obligación de guardar secreto profesional , se ha realizado o no vulnerando el derecho de defensa, pues es un hecho que a consecuencia de la denuncia y posterior entrega de documentación, el cliente ha acabado en el banquillo y hoy es enjuiciado…”. A este respecto, la Sentencia explica que “El secreto profesional es bastión de la independencia de los abogados y les exime tanto de la obligación de denunciar los hechos de que conozcan como consecuencia de las explicaciones de sus clientes (art. 263 de la LECrim) como de testificar sobre aquellos hechos que el imputado haya confiado a su Letrado en calidad de defensor (art. 416.2 de la LECrim). Solo así el cliente puede hablar con libertad y con confianza con su abogado, contándole, narrándole todos los hechos, sean o no delictivos, de tal forma que el abogado con todos los datos en la mano, pueda plantear de la forma más conveniente la estrategia procesal que crea más conveniente para la defensa de su cliente. Si el cliente no pudiera facilitar a su abogado toda la información de que dispone, ni poner en su conocimiento todos los hechos por temor a que alguno de ellos pudiera ser utilizado en su contra, creemos que no se ejercería el derecho de defensa con la extensión, profundidad y plenitud que desea el legislador constitucional cuando dice en el art. 24 que "todos tienen derecho a la defensa".

Pero la propia Sentencia parte de la defensa del Cliente en un proceso penal y considera que la actuación del Abogado, que lleva a la anulación de la prueba contra su Cliente ha sido desproporcionada. Ahora bien, si el Abogado no asiste al Cliente en un proceso penal sino contencioso-administrativo (una multa de tráfico, por ejemplo), la noticia de que ha asesinado o cometido algún delito grave cuando un inocente puede ser condenado por esos hechos, ¿debe seguir siendo cubierta por el secreto profesional o bien un principio de proporcionalidad debería amparar la actuación del Abogado?

Aunque desde luego no es previsible que, en el marco de una asistencia jurídica recurriendo una multa de tráfico se desvelen tales hechos. No es éste desde luego un caso real del que tenga noticia, por supuesto, y creo en la bondad del secreto profesional, pero a veces puede ser interesante buscar los límites o matizaciones a los principios generales. Se trata solo, pues, de plantear teóricamente la cuestión. Quizá el secreto profesional debe ser absoluto y primar incluso en este caso de Derecho-ficción, ¿o sería posible que existieran límites?


Francisco García Gómez de Mercado
Abogado

1 comentario:

Anónimo dijo...

Creo que el secreto profesional debe ser respetado. Este caso tan extremo no es real. Pero aun en ese caso debería respetarse. Aunque si hay un inocente que pudiera ser condenado quizà algo debería hacerse. Para eso está el papel del Decano.