viernes, 20 de diciembre de 2019

La ética del sinvergüenza

 
 
Conforme el tiempo va pasando y uno se va encontrando gente en la vida profesional, no puede faltar la cuota de sinvergüenzas (mucha suerte tienes si no te topas con ninguno/a).
 
Pero no se trata solo de que sean sinvergüenzas, es que además lucen lo que podríamos llamar "ética del sinvergüenza". Esto es, que pretenden ser lo más éticos sobre la base de detectar cualquier pequeño fallo o incumplimiento formal de los demás, mientras el sinvergüenza se escaquea del trabajo, acumula prebendas y percepciones y escala puestos en perjuicio de personas más preparadas.
 
Esta semana he vuelto a coincidir con uno de los mayores sinvergüenzas que he conocido. En un reducido y selecto círculo, intentando parecer uno más, entre lo más granado. Pero, en el fondo, con una prepotente ignorancia y falta de vergüenza.
 
Hace unas semanas también volví a coincidir con una de las mayores sinvergüenzas que he conocido y por conocer, porque en esto de ser sinvergüenzas no hay sexos. El patrón se repite. 
 
Parece que los sinvergüenzas vuelven por navidad, como el turrón o antiguamente las muñecas. Pero en realidad están ahí y han estado siempre.
 
 
 

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