5.11.26

¿SE PUEDE RECURRIR SI NO TE SANCIONAN POR PRESCRIPCIÓN?


La regla general es que se pueden recurrir, en vía administrativa o judicial, las resoluciones desfavorables.
Debemos partir del art. 24.1 de la Constitución, a cuyo tenor “Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión”. Así, el art. 19.1 de la Ley de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa, en su redacción vigente, enuncia quiénes están legitimados (activamente) en lo contencioso-administrativo: “Están legitimados ante el orden jurisdiccional contencioso-administrativo: a) Las personas físicas o jurídicas que ostenten un derecho o interés legítimo…”.
 
La Jurisprudencia contencioso-administrativa ha venido admitiendo la legitimación activa por ostentar un interés en accionar en favor de aquellos que resulten beneficiados por la anulación del acto o perjudicados por su mantenimiento.
 
De este modo, confirmando el criterio de muchas otras anteriores, la Sentencia de 14 de octubre de 2021 (RC 143/2020) expone:
 
“Debemos recordar que la legitimación se funda en la existencia de un derecho o interés legítimo (art. 19.1. a LJCA 1998), como superador del inicial interés directo (art. 28   LJCA 1956), que en el orden contencioso-administrativo ha sido reiteradamente declarado por el Tribunal Constitucional (entre otras SSTC 60//2001, de 29 de enero, 203/2002, de 28 de octubre, y 10/2003, de 20 de enero).
 
Así la  STC 52/2007, de 12 de marzo, FJ 3 nos recuerda que en relación al orden contencioso-administrativo, ha precisado "que el interés legítimo se caracteriza como una relación material unívoca entre el sujeto y el objeto de la pretensión (acto o disposición impugnados), de tal forma que su anulación produzca automáticamente un efecto positivo (beneficio) o negativo (perjuicio) actual o futuro pero cierto, debiendo entenderse tal relación referida a un interés en sentido propio, cualificado y específico, actual y real (no potencial o hipotético). Se trata de la titularidad potencial de una ventaja o de una utilidad jurídica, no necesariamente de contenido patrimonial, por parte de quien ejercita la pretensión, que se materializaría de prosperar ésta. O, lo que es lo mismo, el interés legítimo es cualquier ventaja o utilidad jurídica derivada de la reparación pretendida (SSTC 252/2000, de 30 de octubre, FJ 3; 173/2004, de 18 de octubre, FJ 3; y 73/2006, de 13 de marzo, FJ 4; con relación a un sindicato, STC 28/2005, de 14 de febrero, FJ 3)".
 
En la misma línea, la Sentencia del Tribunal Supremo de 20 de diciembre de 2021 (RC 7413/2019) señala que “la existencia de legitimación en un concreto proceso viene caracterizado jurisprudencialmente como "... la titularidad de un derecho o interés legítimo que suponga una relación material entre el sujeto y el objeto de la pretensión, de suerte que, de estimarse ésta, se produzca un beneficio o la eliminación de un perjuicio que no necesariamente ha de revestir un contenido patrimonial. Esta ventaja ha de ser concreta y efectiva..." (en este sentido se pronuncia la sentencia del Tribunal Supremo de 29 junio 2004 y la sentencia del Tribunal Constitucional de 173/2004, 18 de octubre)”.
 
Ahora bien, ¿qué sucede si la resolución en sí misma no es desfavorable, pues no impone una sanción, pero lo hace por la aplicación de un plazo de prescripción? No hay sanción, pero puede haber una pérdida de reputación, que puede justificar discutir la resolución para aclarar que no hubo infracción. Es más, podría suceder incluso que la eventual pérdida de reputación sea mayor que la sanción imponible. Imaginemos un banco que ha llevado a cabo prácticas en perjuicio de sus clientes, cuya constatación podría determinar una buena parte de pérdida de su clientela, y ello pudiera ser incluso un perjuicio mayor que la multa que se le impusiera.
 
Pues bien, el Tribunal Supremo, en materia de competencia, pero, en realidad, con un alcance por extensión mucho mayor, ha venido a admitir la impugnación de la resolución en tales casos, pero solo si existe cierta justificación al menos indiciaria o lógica de los perjuicios y no con carácter general.
Así, la doctrina establecida por la Sentencia del Tribunal Supremo de 5 de octubre de 2026 (RC 6878/2024) es la siguiente:
 
“Para apreciar el requisito de la legitimación activa en una determinada persona física o jurídica en el orden jurisdiccional contencioso-administrativo, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 19 de la Ley de esta jurisdicción, es preciso -salvo cuando nuestro ordenamiento jurídico reconoce la existencia de una acción pública-, que exista un interés legítimo en la pretensión ejercitada, lo que tiene lugar cuando la anulación del acto o de la disposición impugnados produzca automáticamente un efecto positivo (beneficio) o negativo (perjuicio), actual o futuro, pero real y cierto, no siendo título suficiente a tal efecto las simples conjeturas sobre eventuales consecuencias perjudiciales.
 
En aquellos supuestos en los que se dicta una resolución administrativa que pone fin a un procedimiento sancionador en Derecho de la competencia sin que sancione al expedientado, este no tiene, en principio, legitimación activa para impugnar en vía judicial aquella resolución carente de sanción.
 
Esta regla general tiene excepciones. Una de ellas puede estar constituida por la eventualidad de que, en la resolución administrativa finalizadora del procedimiento, se declare -independientemente del lugar en el que se haga- cometida una infracción del Derecho de la competencia por un concreto sujeto, pero, debido a la apreciación de que dicha infracción ha prescrito, no se imponga ninguna sanción.
 
Sin embargo, aunque para aplicar la salvedad y reconocer la legitimación en estos casos no es exigible una prueba plena del perjuicio causado por la atribución de la autoría de la infracción administrativa, sí se requiere aportar un principio de prueba o una justificación de los que, mediante una operación lógica y sencilla, pueda deducirse el daño que, actual o futuro pero cierta y razonablemente puede causar la atribución de la autoría en la comisión de la infracción no sancionada.
 
Ello exige examinar individualizadamente las especificas circunstancias concurrentes en cada supuesto, a tenor de lo consignado por la Administración y de las alegaciones que realice y, en su caso, pruebas que aporte quien pretende recurrir judicialmente una resolución que declara que ha cometido una infracción administrativa pero no le sanciona, dado que dicha infracción ha prescrito.
 
En este examen cobra especial relevancia la incidencia que, en las acciones de resarcimiento por daños causados por una conducta anticompetitiva, puedan tener las afirmaciones hechas en la resolución administrativa que afirma la autoría de esa conducta”.
 
A estas conclusiones llega el TS después de traer al debate la doctrina del Tribunal Constitucional y el propio Supremo en asuntos relativamente cercanos:
 
En primer lugar, “El Tribunal Constitucional ha efectuado algunas declaraciones relevantes para la resolución del presente recurso de casación.
Por un lado, se ha referido a la naturaleza de la prescripción en el ámbito penal, como en la sentencia 195/2009, de 28 de septiembre, que, con cita de otras, dice que:
"[...] la prescripción penal, institución de larga tradición histórica y generalmente aceptada, supone una autolimitación o renuncia del Estado al ius puniendi por el transcurso del tiempo, que encuentra también fundamento en principios y valores constitucionales, pues toma en consideración la función de la pena y la situación del presunto inculpado, su derecho a que no se dilate indebidamente la situación que supone la virtual amenaza de una sanción penal; a lo que añadíamos que dicho instituto «en general, encuentra su propia justificación constitucional en el principio de seguridad jurídica»."
Por otro lado, a la legitimación del acceso al recurso de casación del acusado absuelto por, precisamente, prescripción del delito.
Así, en la sentencia 41/1998, de 24 de febrero, explica que:
"[...] es cierto que, como regla general, la jurisprudencia del Tribunal Supremo exige para recurrir una específica legitimación, que viene determinada por la existencia de un gravamen causado u originado por la Sentencia que se impugna; por lo que no admite, en principio, impugnaciones por parte del acusado contra pronunciamientos absolutorios. Sin embargo, esta regla general no es absoluta. La propia jurisprudencia admite excepciones, como es el caso de Sentencias que declaran cometido un hecho punible por el acusado, pero terminan absolviéndolo por prescripción del delito, por indulto o por otra razón ajena a los hechos cometidos (como muestra la Sentencia del T.S. 3 julio 1991 ). Y hay que subrayar que esa excepción tiene un sustrato constitucional, como acredita nuestra STC 79/1987 , en la que otorgamos el amparo a quien había visto inadmitido su recurso de casación, intentado contra un fallo que lo había absuelto por razón de un indulto, tras declarar probada su participación en un delito de estafa.]".
También la sentencia 157/2003, de 15 de septiembre, que se cita en el escrito de interposición, trata del tema que nos interesa diciendo:
"[...] no parece que pueda discutirse que para que proceda utilizar un recurso contra una resolución judicial es preciso que la misma genere un perjuicio para el recurrente. Entendido así, la configuración del gravamen como presupuesto de un recurso (con independencia de la concreta naturaleza jurídica de tal presupuesto y, en particular, de su relación con la legitimación para recurrir) resulta constitucionalmente inobjetable [...].
Ahora bien, tal consideración no resuelve la cuestión aquí planteada. El verdadero núcleo de la misma se halla en la determinación de si es preciso, como presupuesto del recurso, que el perjuicio que el recurrente sufra derive precisamente de la parte dispositiva de la resolución judicial. Y, como hemos adelantado, nuestro sistema procesal no permite mantener semejante solución. En este sentido, debe tenerse en cuenta, en primer lugar, que es perfectamente imaginable la existencia de supuestos en los que las declaraciones de la resolución judicial, contenidas en su fundamentación jurídica, generen un perjuicio para el recurrente, con independencia absoluta del contenido de tal parte dispositiva. Y, sobre esta base, no existe razón alguna para negar, con carácter general, que la vía de los recursos pueda ser utilizada para la impugnación de aquellas declaraciones, so pretexto de una pretendida concepción de los recursos como limitados a aquellas pretensiones que tengan por objeto la alteración de la parte dispositiva de la resolución judicial recurrida, concepción limitada que no encuentra un fundamento jurídico que la sostenga, máxime teniendo en cuenta que con la misma se están restringiendo las posibilidades de tutela judicial efectiva de los derechos e intereses legítimos de las personas y, en consecuencia, afectando a un derecho fundamental de las mismas, el reconocido en el art. 24.1 CE .
 
8. Deben realizarse, no obstante, una serie de consideraciones complementarias. En primer lugar, que la determinación, en cada caso concreto, de si la resolución judicial impugnada causa o no efectivamente un perjuicio al recurrente, dependerá de las específicas circunstancias presentes en el caso, debiendo tenerse en cuenta que no toda afectación de carácter negativo o desfavorable para aquél merecerá necesariamente la consideración de perjuicio a los efectos que nos ocupan, pudiendo exigirse que tal afectación reúna determinada intensidad o caracteres [...]"
Igualmente, y con cita de la anterior, la sentencia 27/2009, de 26 de enero, se refiere a dicha cuestión cuando expone que:
"[...] la determinación, en cada caso concreto, de si la resolución judicial impugnada causa o no efectivamente un perjuicio al recurrente dependerá de las específicas circunstancias presentes en el caso, debiendo tenerse en cuenta que no toda afectación de carácter negativo o desfavorable para aquél merecerá necesariamente la consideración de perjuicio a los efectos de reconocer su correspondiente legitimación para el recurso, pudiendo exigirse que tal afectación reúna determinada intensidad o caracteres (STC 157/2003, de 15 de septiembre , FJ 8).
 
Sin que sea un obstáculo para llegar a la anterior conclusión la circunstancia [...], de que el propio Tribunal Supremo haya vinculado en algunas de sus resoluciones la legitimación para el acceso al recurso con la idea del «interés legítimo», reconociendo así legitimación para recurrir en casación incluso al acusado absuelto «para que su buen nombre quede restablecido» (entre otras, SSTS de 16 de diciembre de 1988 y de 18 de julio de 2001 ), pues, además de que en estas resoluciones la persona que pretende interponer dicho recurso ha sido parte en el procedimiento previo, es evidente que la aplicación del instituto de la prescripción no excluye el que el Juzgador constate en su resolución unos hechos probados directamente incriminatorios contra el que ha resultado absuelto. En el mismo sentido este Tribunal Constitucional también ha reconocido en la STC 79/1987, de 27 de mayo , la existencia de una serie de perjuicios o gravámenes del que ha sido absuelto por aplicación de un indulto, otorgando el amparo al demandante por vulneración del derecho a la tutela judicial efectiva por habérsele inadmitido por el órgano judicial un recurso de casación contra la Sentencia dictada [...]".
- Por lo demás, terminaremos destacando en este apartado la doctrina que, en cuanto al acceso a la tutela de los jueces y tribunales, mantiene el Tribunal Constitucional respecto al derecho a ser parte en un proceso y poder promover la actividad jurisdiccional que desemboque en una decisión judicial sobre las pretensiones deducidas (sentencias 220/1993, de 30 de junio; 34/1994, de 31 de enero; o 140/2018, de 20 de diciembre, entre otras), rigiendo el principio pro actione, en cuya virtud han de aplicarse las normas que regulan los requisitos y los presupuestos procesales evitando cualquier exceso formalista (por todas, sentencia 118/2024, de 25 de septiembre), aunque dicho principio no opera con igual intensidad en la fase inicial del proceso, para acceder al sistema judicial, que en las sucesivas instancias, conseguida una primera respuesta judicial a la pretensión (sentencia 181/2001, de 17 de septiembre, entre muchas)”.
 
Asimismo, el Tribunal Supremo atiende a lo que la Sala Segunda (Penal) ha resuelto pues la situación puede ser muy semejante (absolución de un delito por prescripción):
 
“La Sala Segunda de este Tribunal Supremo se ha pronunciado en una pluralidad de sentencias sobre la posibilidad de recurrir una sentencia penal por el acusado absuelto, aunque también debemos mencionar aquellas resoluciones de esta Sala Tercera que afectan a esa cuestión.
A. Pronunciamientos de la Sala Segunda de este Tribunal Supremo sobre la legitimación del acusado absuelto
La Sala de lo Penal de este Alto Tribunal se ha pronunciado en algunas ocasiones sobre la legitimación de un acusado absuelto, eso sí, para interponer recurso contra la sentencia absolutoria.
De entre las distintas sentencias que se han ocupado del tema citaremos la de 19 de noviembre de 2014 (recurso 952/2014), que analiza la sentencia del Tribunal Constitucional 79/1987, de 27 de mayo, antes mencionada, y expone que:
"Como recuerda el TC en la citada Sentencia: con independencia de la forma expositiva de los pronunciamientos judiciales, éstos son conclusiones no aislables, sino íntimamente ligadas con las premisas que las determinan. Ello significa que, como sostiene el Ministerio Fiscal, no es lo mismo ser absuelto por no haber cometido un delito que ser absuelto por la aplicación de un indulto, pues, de admitirse esta absolución, no con ello quedan satisfechos todos los intereses que se conectan con el valor constitucional de la inocencia; afecta no sólo a la condena penal misma, sino también a la no consideración de reo de un delito y, por ello, al juicio mismo sobre la inocencia o la no existencia de la imputación del delito, para justificar la existencia del interés en recurrir.
Entre los criterios a atender para decidir sobre esa admisibilidad cabe enumerar con esa decisión constitucional: a) la trascendencia de la sentencia en su totalidad en relación al derecho al honor, presente en un precepto como el artículo 638 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal ; b) cuando pese a la absolución contuviera una declaración de culpabilidad de un delito; c) la discusión en fase de recurso de la tesis de los acusadores particulares sobre la premisa de la existencia y punibilidad del delito, sin poder combatir ésta, como en el caso de admitir el debate limitado a la penalidad correspondiente a un delito y rechazar a limine la discusión sobre la existencia de éste y d) atendiendo a la influencia de la acción penal sobre la civil por razón de las reglas sobre cosa juzgada penal aún cuando se quisiera negar vinculación con ella, pese a que el proceso penal concluya con pronunciamiento absolutorio de fondo.
Si se pone de relieve esta influencia del proceso penal y de lo en él decidido en procesos civiles posteriores, no es difícil comprender que existe un perjuicio para el solicitante de amparo con la sentencia de instancia, pese a ser absuelto, y por ello ha de reconocérsele interés en recurrir para instar la revisión de lo resuelto en un determinado sentido. La existencia de este interés es especialmente relevante en un supuesto como el de autos en que la sentencia penal se pronuncia sobre la existencia de hechos de los que surge una responsabilidad penal, declarada extinguida por prescripción, y una responsabilidad civil sobre la que remite a un proceso posterior en la vía civil.
En tal caso habrá de reconocerse al imputado un interés a que, en vía de recurso, se revisen los hechos declarados probados y la calificación de tales hechos como ilícitos."
También, la sentencia de 29 de junio de 2018 (recurso 2364/2017), pues, con mención de otras sentencias anteriores, dice que:
"Son varias las sentencias de esta Sala que en casos similares en que se describen como probados unos hechos que incriminan al acusado y que resultan subsumibles en un tipo penal, se dicta un fallo absolutorio debido a que se declara la prescripción del delito. Pese a lo cual, se acaba considerando que el mero de hecho de considerar fácticamente autor del delito al acusado contiene base suficiente para integrar un gravamen legitimador de la interposición del recurso de casación con el fin de impugnar la premisa fáctica en la que se describe la autoría del acusado con respecto a los hechos que se le imputaban."
En el mismo sentido, la sentencia de 15 de septiembre de 2022 (recurso 3971/2020) explica que:
"Hay que señalar, también, que el recurrente fue absuelto, lo que daría lugar a la directa inadmisión del recurso, ya que no existe en la sentencia una afectación directa del recurrente que le pueda otorgar legitimación para recurrir cuando la sentencia le es favorable. Cabría hacerlo en el caso de que existiera algún pronunciamiento que le acarreara un perjuicio objetivable y evidente que le permitiera postular de la Sala un pronunciamiento expreso que le legitimara para la acción de interponer un recurso, pero no es admisible acudir a la vía impugnatoria directa porque el absuelto no puede hacerlo sin un «interés concreto» derivado de la sentencia."
La sentencia de 9 de febrero de 2023 (recurso 1363/2021) resume el criterio que sigue la Sala al exponer que:
"Previamente debemos plantearnos la legitimación para recurrir del acusado absuelto pues por principio general el absuelto carece de legitimación precisamente porque la absolución no produce perjuicio o gravamen. La ausencia de gravamen es por lo que el Tribunal Supremo ha negado, en principio, legitimación para recurrir al acusado absuelto, porque la legitimación del recurrente debe venir determinada por el carácter desfavorable que la resolución judicial presente para quien impugna por esta vía."
Si bien, con cita de otras sentencias de la misma Sala, añade que:
"[...] el perjuicio o gravamen no deriva siempre, y en todo caso, de una sentencia condenatoria, ya que el gravamen típico que permite el recurso puede existir aun cuando el acusado fuera absuelto en la sentencia.
El primer presupuesto concreto de legitimación del acusado absuelto es el caso en el que la absolución venga determinada por la declaración de prescripción de los hechos y la sentencia contenga afirmaciones fácticas que puedan ser consideradas lesivas para el recurrente.
[...] En el caso presente la absolución lo fue por aplicación del instituto de la prescripción del delito, y el recurrente señala que en los hechos probados y en la fundamentación jurídica de la sentencia de instancia se recogen una serie de afirmaciones que, por un lado, afectan a la honorabilidad [...].
De otro lado, también le afecta desde una perspectiva económica, pues no podrá pedir al Cabildo [...], teniendo en cuenta la relación de Hechos declarados como probados y el contenido de los Fundamentos de Derecho, que satisfaga los gastos habidos durante la sustanciación del procedimiento penal [...].
Entendemos, por ello, que hay un interés evidente en el acusado, no solo de contenido moral, sino también económico, que justifica el que tengamos que considerarlo como legitimado para plantear el presente recurso de casación."
Estos criterios son resumidos en la sentencia de 18 de diciembre de 2024 (recurso 4331/2022) en el sentido de que:
"Para que esa legitimación pueda reconocerse será preciso que en el supuesto examinado concurran circunstancias de entidad suficiente como para no poder descartar, a priori, la existencia de un gravamen real, cierto y actual para el recurrente, en su esfera personal o patrimonial, que derive directa y objetivamente de la fundamentación jurídica de esa sentencia estimatoria. En el bien entendido de que el referido gravamen tendrá que derivar directamente de declaraciones de la sentencia que tengan por ciertos y acreditados determinados datos o apreciaciones, no siendo suficiente a tal efecto pretender afirmar la concurrencia del gravamen con base exclusiva en meras argumentaciones discursivas o hipotéticas que la sentencia pudiera contener."
No obstante, como advierte la sentencia de 27 de septiembre de 2023 (recurso 5629/2021):
"la legitimación del acusado absuelto para recurrir no se extiende a todo el contenido de la sentencia, esto es, a aquellos pronunciamientos que no generan gravamen, sino solo a aquellas cuestiones de las que, aun habiendo sido absuelto, pudiera derivarse su culpabilidad (SSTC 41/98 de 24 de febrero y 157/03 de 15 de septiembre y STS de 8 de junio de 2005 [...]), y ello porque el gravamen se encontrará en las consideraciones que puedan generarle perjuicio."
 
Finalmente, se atiende a pronunciamientos de la propia Sala Tercera del Tribunal Supremo sobre la legitimación (en general, que damos por conocida, y en particular en resoluciones que no sancionan a la persona imputada):
 
“En relación con la legitimación de quien no ha sido sancionado formalmente en una resolución administrativa para impugnar esta resolución también encontramos alguna indicación de esta Sala, aunque no en sentencias.
Así, debemos referirnos a los autos de 5 de junio y de 5 de diciembre de 2019 (recursos de queja números 124/2019 y 481/2019, respectivamente), invocados en la sentencia aquí impugnada, bien que referidos a la posibilidad de que el demandante pueda recurrir en casación sentencias que, en la instancia, estimaron el recurso contencioso-administrativo.
El auto de 5 de junio de 2019, al que se remite el de 5 de diciembre siguiente, recuerda que, en principio, la jurisprudencia, sobre la base de lo dispuesto en el artículo 448.1 de la Ley 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil, mantiene que la parte que ha ganado un pleito carece de legitimación para impugnar la sentencia.
Pero añade que:
"[...] aun siendo cierto que no hay motivos para reconsiderar con carácter general la vigencia de esta doctrina jurisprudencial emanada de la Sala Tercera, nada impide que la aplicabilidad de la misma puede ser exceptuada con carácter singular y casuístico cuando, aun siendo estimatorio el fallo de la sentencia recurrida en casación, su fundamentación jurídica ocasione al recurrente un gravamen real, actual y directo.
En este sentido, es importante precisar que el gravamen que justificaría la aplicación de la excepción es algo conceptualmente distinto del mero interés por la legalidad que pudiera tener el recurrente o de la simple discrepancia que pudiera mantener éste con las declaraciones incorporadas a la referida fundamentación; y, asimismo, que tampoco podría entenderse justificada la aplicación de la excepción cuando el gravamen alegado por el recurrente fuera, en realidad, meramente hipotético, potencial, abstracto o conjetural."
Con cita de sentencias del Tribunal Constitucional y de otras de las Salas Segunda, Cuarta y Quinta de este Tribunal Supremo, explica -insistimos que en relación con la posibilidad de recurrir en casación quien ha obtenido en la instancia un fallo estimatorio, íntegramente anulatorio del acto administrativo sancionador impugnado en el proceso- que:
"[...] aun cuando esta es una cuestión fuertemente ligada a la valoración circunstanciada de cada asunto en que el problema se suscite, podemos afirmar que, en principio, la legitimación para impugnar en casación sentencias estimatorias no existe cuando al recurrente sólo le guían en tal empeño valoraciones subjetivas, entre las que -a título de ejemplo- podemos citar cuestiones como su desacuerdo con las razones jurídicas expuestas por el órgano judicial de instancia, o el prurito de tener razón ligado a la defensa del prestigio profesional. Tampoco son título suficiente a tal efecto las simples conjeturas sobre eventuales consecuencias perjudiciales (por ejemplo, hipotéticas responsabilidades civiles o disciplinarias) que pudieran derivarse para el interesado como consecuencia de lo dicho en la fundamentación jurídica de la sentencia estimatoria que se pretende impugnar.
Para que esa legitimación pueda reconocerse [...] será preciso que en el supuesto examinado concurran circunstancias de entidad suficiente como para no poder descartar, a priori, la existencia de un gravamen real, cierto y actual para el recurrente, en su esfera personal o patrimonial, que derive directa y objetivamente de la fundamentación jurídica de esa sentencia estimatoria. En el bien entendido de que el referido gravamen tendrá que derivar directamente de declaraciones de la sentencia que tengan por ciertos y acreditados determinados datos o apreciaciones, no siendo suficiente a tal efecto pretender afirmar la concurrencia del gravamen con base exclusiva en meras argumentaciones discursivas o hipotéticas que la sentencia pudiera contener.
Por ello, como quiera que en la estructura formal de las sentencias contencioso-administrativas no existe -a la diferencia de las penales- un apartado específico dedicado a la declaración de hechos probados, resultará inevitable el examen casuístico de cada resolución judicial, a fin de esclarecer si su fundamentación jurídica incorpora una declaración con la fuerza expresada que permita, en ese supuesto, reconocer al interesado la legitimación para recurrir en casación."
Aplicando los anteriores razonamientos al caso examinado, estima el recurso de queja ya que:
"[...] aun cuando el fallo estimatorio de la sentencia ciertamente anula el acto, lo hace dejando antes materialmente subsistentes los aspectos esenciales del reproche sancionador que se había dirigido al recurrente, esto es, los hechos subyacentes constitutivos de infracción, su calificación jurídica, el juicio sobre la culpabilidad del interesado y la sanción que debería corresponderle."
Por el contrario, el auto de 5 de diciembre de 2019 desestima el recurso de queja al aplicar el criterio general, puesto que:
"El recurrente se limita a insistir en la importancia del tema de fondo a que se refiere, pero lo hace desde un punto de vista genérico, sin poner de manifiesto en ningún momento la existencia de un gravamen real y directo, referido a su propia persona, que pudiera haber sostenido su legitimación para recurrir una sentencia que, al fin y al cabo, ha sido estimatoria de su recurso y anulatoria del acto impugnado."
 
Sobre esta base, el Alto Tribunal sigue indicando que “El examen de la legitimación activa para impugnar en vía judicial una resolución administrativa que declara la autoría en una infracción del Derecho de la competencia, pero archiva las actuaciones por prescripción lo haremos comenzando por el examen de su presupuesto, es decir (1), la afirmación expresa de haber cometido una infracción del Derecho de la competencia, aunque archivando las actuaciones por prescripción, para seguir con el de (2) la legitimación para impugnar en vía judicial tal resolución administrativa y detenernos en (3) los intereses que pueden resultar afectados por la referida declaración de autoría, apartado en el que haremos unas (A) apreciaciones generales y un análisis específico de (B) la reclamación de daños y perjuicios por conductas infractoras del Derecho de la competencia, a fin de llegar a una (C) conclusión.
1. La declaración de haber participado en una infracción del Derecho de la competencia y el archivo de las actuaciones por prescripción
El presupuesto del que tenemos que partir para dar respuesta a la cuestión de interés casacional consiste en que una resolución administrativa declara la participación en una infracción de las reglas de Derecho de la competencia -atribuye la autoría o la co-autoría de la comisión de la infracción-, pero no impone la sanción que correspondería por apreciar que dicha infracción ha prescrito.
Conviene detenernos en este concreto presupuesto para luego proyectar sobre el mismo los criterios constitucionales y jurisprudenciales respecto de la legitimación.
Así, cabe hacer notar que la constatación de la comisión de la infracción puede efectuarse tanto en la fundamentación fáctica como jurídica de la resolución y, por supuesto, en la parte dispositiva. Esto es indiferente a los efectos que nos interesan, dado que lo relevante es, no la sola imputación de una actuación anticompetitiva, sino la afirmación de que la conducta desplegada por el sujeto expedientado y acreditada en el expediente se incardina en el ilícito administrativo previsto en la norma, sólo que no se castiga debido al tiempo transcurrido desde que se realizaron los hechos constitutivos del tipo.
Por tanto, en el ejercicio del ius puniendi en el Derecho administrativo sancionador deben diferenciarse dos planos: en primer término, el relativo a la infracción, en el que se acredita que se reúnen todos los elementos, objetivos y subjetivos, de la infracción prevista en la norma, es decir, de la actuación que el ordenamiento jurídico entiende reprochable; y, en segundo término, consecuencia del anterior, pues sin él no podría tener lugar, el referente a la sanción, que constituye la corrección o el castigo por la realización de la falta, cuya determinación ha de efectuarse atendiendo a los criterios también normativamente establecidos, pero distintos.
Luego la ausencia de una sanción administrativa tras seguirse el procedimiento que corresponda no implica, sin más, que, para el órgano administrativo sancionador, no se haya cometido una infracción o, más aún, que no se haya acreditado su realización, que es lo que, por el contrario, parece sostener la parte recurrida al considerar que la extinción de una eventual responsabilidad, en concreto, por prescripción de la infracción, supone que "no existe infracción administrativa constatada" ni "afirmación alguna de culpabilidad".
Hay que rechazar esta confusión entre los dos planos indicados, ya que, si bien sin infracción no puede imponerse sanción, cabe perfectamente que, afirmada la infracción, no se imponga sanción, debido, en palabras del Tribunal Constitucional antes reproducidas, y entre otras posibles causas, a la "autolimitación o renuncia del Estado al ius puniendi por el transcurso del tiempo".
En definitiva, el presupuesto de nuestro examen consiste en que una resolución administrativa que pone fin a un procedimiento sancionador tiene por acreditada, y así lo hace constar, la realización por un sujeto determinado de una conducta que reúne todos los elementos de un concreto tipo administrativo, pero no impone ninguna sanción al que reputa su autor debido a la lejanía en el tiempo de la actuación”.
 
Ya en particular  sobre la legitimación para impugnar en vía judicial una resolución administrativa que afirma expresamente la autoría de una infracción del Derecho de la competencia, pero no impone sanción por prescripción, la sentencia hace las siguientes consideraciones, que pueden considerarse el núcleo o síntesis de sus razonamientos:
 
“La legitimación activa, como ha declarado reiteradamente esta Sala y hemos consignado antes, implica la existencia de una relación material unívoca entre el sujeto y el objeto de la pretensión deducida en el recurso contencioso-administrativo, en referencia a un interés en sentido propio, identificado y específico, de tal forma que la anulación del acto o la disposición impugnados produzca automáticamente un efecto positivo (beneficio) o negativo (perjuicio), actual o futuro, pero cierto.
Esos efectos positivos o negativos pueden concurrir si prospera la impugnación judicial de una resolución administrativa que constata y declara la participación de determinado sujeto en una infracción del Derecho de la competencia, pero que, para dicho sujeto, archiva las actuaciones por prescripción.
Es cierto que, como regla general, cabe sostener que quien no ha sido sancionado administrativamente carece de interés en que se revise jurisdiccionalmente tal decisión, sin ostentar legitimación activa, pues la sentencia que pusiera fin al proceso contencioso-administrativo no parece que le pudiera originar algún beneficio o perjuicio, dada la configuración de esta jurisdicción, los pronunciamientos que pueden hacer los Tribunales y la ausencia de sanción en el acto administrativo que se quiere impugnar.
Sin embargo, esta regla general admite excepciones, dado que, si bien de la parte dispositiva del acto administrativo que no impone sanción es difícil deducir efectos negativos y, mucho menos, positivos para el afectado, ya hemos indicado que a lo largo de dicho acto, especialmente en la fundamentación fáctica y jurídica con la que se llega a aquella conclusión pueden existir afirmaciones que incidan directamente en la esfera personal, familiar o patrimonial del afectado y, lo que es más importante, sean susceptibles de causar una lesión jurídica.
Ello puede llegar a ocurrir, especialmente, cuando se constata y se afirma la comisión de una infracción, pero no se impone sanción alguna por concurrir alguna causa legalmente establecida para ello, como por haber prescrito la infracción.
La prescripción de la infracción supone que el ordenamiento jurídico impide la punición por el tiempo transcurrido desde que tuvo lugar la conducta, lo que, si así se aprecia sin dificultad, hace innecesario indagar en si el proceder el sujeto se incardina en el ilícito administrativo correspondiente.
Es cierto que, en ocasiones, la labor instructora será necesaria, especialmente cuando hay otros sujetos posiblemente involucrados en las actuaciones investigadas o es necesario precisar aspectos temporales para verificar la prescripción, pero de ello no se sigue que, en el acto final del procedimiento sancionador, deba calificarse como infracción un comportamiento que ya se sabe que no va a poder ser castigado.
De no ser así y, como en el supuesto que nos ocupa, en la resolución final del expediente sancionador se hace una declaración explícita de que se ha perpetrado la infracción, aunque, por prescripción, no se imponga castigo, puede existir un interés legítimo en quien no ha sido sancionado en discutir esta autoría por las consecuencias que ello es susceptible de generar en ámbitos que le son propios, repercutiendo, incluso, en la misma presunción de inocencia y en el derecho a rebatir la prueba de cargo tomada en consideración para afirmar dicha autoría.”
 
Y, finalmente, la sentencia aborda qué intereses pueden resultar afectados por la declaración de haber cometido una infracción del Derecho de la competencia:
 
“A. Apreciaciones generales
En principio, como en cualquier otra materia, también en el Derecho de la competencia, verificar la afectación de los intereses del sujeto reputado infractor y, en concreto, de quien, pese a ello, no ha sido sancionado por la prescripción de la infracción, requiere un examen individualizado de las circunstancias concurrentes, puesto que sólo cuando aquel acredite que la atribución de la autoría menoscaba de una manera actual o futura, pero real, alguna de las facetas de sus ámbitos personales, familiares, sociales, profesionales o, en fin, económicos, se podrá constatar un interés legítimo para atacar en vía judicial la afirmación contenida en la resolución administrativa correspondiente.
En estos casos, la apreciación de la concurrencia de un interés legítimo no solo incluye aspectos fácticos, sino apreciaciones jurídicas en algunas de las cuales podemos detenernos, siquiera someramente.
Así, de la jurisprudencia que hemos relacionado anteriormente resulta que, en principio, es insuficiente el mero propósito de lavar la imagen o de restablecer el buen nombre en entredicho para la opinión pública o en unos entornos profesionales o domésticos, dado que no toda afectación de carácter negativo o desfavorable conlleva, necesariamente, la consideración de perjuicio a los efectos de reconocer la legitimación procesal.
No obstante, en el ámbito del Derecho de la competencia existen una pluralidad de campos o zonas de interés en las que puede incidir la afirmación de la realización de una conducta infractora, no sólo en el plano de los competidores, sino también de los consumidores, afectando a todo el entramado empresarial de la persona declarada autora de una infracción, suponiendo, entre otras posibles consecuencias, la pérdida de incentivos, de crédito mercantil y de imagen corporativa o personal, así como generando una obligación reparadora por el comportamiento declarado ilícito, pero no reprochado.
Esto último nos lleva a llamar la atención sobre las posibles consecuencias jurídicas de la atribución de la comisión de una infracción en el ámbito del Derecho de la competencia en ulteriores procesos en los que se ejerciten acciones resarcitorias contra la persona de quien se afirma que ha realizado una conducta anticompetitiva.
 
B. La reclamación de daños y perjuicios por conductas infractoras del Derecho de la competencia
Con ello llegamos al análisis de los artículos 75 y 76 LDC, en cuya virtud y, en lo que aquí interesa, en el ejercicio de acciones de responsabilidad extracontractual previstas en el artículo 1902 del Código Civil, se presume que las infracciones calificadas como cártel causan daños y perjuicios, salvo prueba en contrario.
Nótese que esta presunción deriva de la atribución de la autoría de una infracción concreta al Derecho de la competencia -los cárteles- y despliega sus efectos, como presunción iuris tantum, en los requisitos exigibles para que nazca la obligación reparadora, no en el alcance de la reparación, como equivocadamente parece considerar la Sala de instancia. Esto es, la presunción se sitúa en un momento anterior al de la evaluación del daño, y ello al margen de que haya existido o no sanción, puesto que lo relevante es la afirmación de la comisión del ilícito.
En este punto, una mirada a la jurisprudencia civil revela la existencia de una pluralidad de sentencias recaídas en supuestos de reclamación de daños sobre la base de una decisión de la Comisión europea que reconoce prácticas colusorias infractoras del artículo 101 TFUE -cártel de los camiones- (entre las más recientes, sentencia de la Sala Primera de este Tribunal Supremo de 18 de marzo de 2025 -recurso 65/2022-, que cita muchas precedentes).
En esta jurisprudencia encontramos alguna indicación muy útil para la cuestión que nos ocupa.
Por un lado, la Sala de lo Civil de este Tribunal Supremo no admite la aplicación de la presunción sobre la base del artículo 76.3 LDC, pero por razones temporales.
En efecto, los artículos 75 y 76 LDC, como todo el Título VI, "De la compensación de los daños causados por las prácticas restrictivas de la competencia", fueron añadidos por el artículo tercero del Real Decreto-ley 9/2017, de 26 de mayo, que, entre otras cosas, incorporó al Derecho español de la Directiva 2014/104/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 26 de noviembre de 2014, relativa a determinadas normas por las que se rigen las acciones por daños en virtud del Derecho nacional, por infracciones del Derecho de la competencia de los Estados miembros y de la Unión Europea. En concreto, es el apartado 2 del artículo 17 de la Directiva el que dispone que "Se presumirá que las infracciones de cárteles causan daños y perjuicios. Al infractor le asistirá el derecho a rebatir esa presunción".
 
Con respecto a esta prevención normativa comunitaria, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en la sentencia de 22 de junio de 2022, Volvo y DAF Trucks (C-267/20, EU:C:2022:494), ha declarado que:
"[...] El artículo 17, apartado 2, de la Directiva 2014/104 debe interpretarse en el sentido de que constituye una disposición sustantiva a efectos del artículo 22, apartado 1, de esta Directiva y de que en su ámbito de aplicación temporal no está comprendida una acción por daños que, aunque fue ejercitada con posterioridad a la entrada en vigor de las disposiciones que transpusieron tardíamente dicha Directiva al Derecho nacional, se refiere a una infracción del Derecho de la competencia que finalizó antes de que expirara el plazo de transposición de tal Directiva."
Y la disposición transitoria primera del referido Real Decreto-ley 9/2017, establece que:
"Disposición transitoria primera. Régimen transitorio en materia de acciones de daños resultantes de infracciones del Derecho de la competencia de los Estados miembros y de la Unión Europea.
1. Las previsiones recogidas en el artículo tercero de este Real Decreto-ley no se aplicarán con efecto retroactivo.
[...]"
Por tanto, en cualquier reclamación de daños por actuaciones ilícitas anteriores en el tiempo a la vigencia de la Directiva y del Real Decreto-ley no son aplicables los artículos 75 y 76 LDC.
Pero, por otro lado, la inaplicación de la presunción normativa por razones temporales no supone que deba descartarse cualquier otra incidencia en el ejercicio de acciones resarcitorias contra quien ha sido declarado autor de una conducta anticompetitiva, por más que no haya sido sancionado por ella.
La misma Sala de lo Civil de este Alto Tribunal, aunque, insistimos, en relación con un supuesto específico -el referido cártel de los camiones-, rechaza la aplicación de la presunción contenida en el artículo 76.2 LDC, pero supone la existencia del daño y de la relación de causalidad atendiendo a las declaraciones contenidas en la Decisión de la Comisión y a las circunstancias del caso, a saber, "la prolongada duración del cártel, su amplia extensión geográfica y la elevada cuota de mercado afectada", incluyendo también "la naturaleza de los acuerdos colusorios", centrando el daño en el "sobreprecio" abonado por los compradores.
Es decir, al margen de las previsiones normativas sobre la compensación de los daños causados por las prácticas restrictivas de la competencia, en el ejercicio de las acciones de resarcimiento puede tener una influencia determinante la declaración de que un sujeto ha cometido una infracción del Derecho de la competencia y los términos en que tal aseveración se formula.
Por lo demás, una vez constatada la concurrencia de los requisitos exigidos para el nacimiento de la obligación reparadora, la cuestión se traslada a su alcance, esto es, a la valoración del daño, evidenciándose así que, como hemos expuesto, se trata de dos planos diferentes y sucesivos.”
 
En “Conclusión” la sentencia afirma que “No ofrece duda a esta Sala que la declaración de haber cometido una infracción del Derecho de la competencia puede causar lesiones jurídicas de distinta índole y en distintos campos de intereses a quien se reputa su autor, aunque no siga la imposición de la sanción correspondiente, por la prescripción de dicha infracción.
En todo caso, cualquiera que sea la esfera del sujeto que se ve afectada por la declaración de tal autoría, pese a que no sea exigible una prueba plena del daño que, actual o futuro pero cierta y razonablemente, puede causar, sí se requiere un principio de prueba o una justificación que, mediante una operación lógica y sencilla, permita deducirlo.
Esta valoración es la que va a permitir afirmar o negar la existencia de un interés legítimo para impugnar en vía judicial la resolución administrativa que, pese a no ser sancionadora para el sujeto, sí declara que ha cometido la infracción prevista en las normas sobre competencia”.

29.10.26

LOS SUELDOS Y PLUSES EN LAS SUBVENCIONES

 

La Sentencia del Tribunal Supremo de 5 de octubre de  2026 (RC 2457/2024) declara que “En relación con subvenciones otorgadas al objeto de cubrir los costes de ejecución de cursos de formación profesional ocupacional, el artículo 31.1 de la Ley 38/2003, de 17 de noviembre, General de Subvenciones, debe ser interpretado en el sentido de que son gastos estrictamente necesarios para el desarrollo de la actividad subvencionada las retribuciones contempladas como mínimos legales o fijadas en el Convenio Colectivo, sin que deban considerarse cubiertas por la subvención otras cantidades que perciba el trabajador en concepto de contraprestación por el trabajo realizado aunque no resulten desproporcionadas con arreglo al valor de mercado”.

Lo explica así:


“Como vimos, el F.J. 11 de la sentencia recurrida señala que la redacción originaria del artículo 31.1 de la Ley 38/2003, General de Subvenciones ("Se consideran gastos subvencionables, a los efectos previstos en esta ley, aquellos que de manera indubitada respondan a la naturaleza de la actividad subvencionada, y se realicen en el plazo establecido por las diferentes bases reguladoras de las subvenciones") fue luego modificada por la disposición final octava de la Ley 39/2010, de 22 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado para el año 2011, que introdujo en el precepto un inciso para referirse a los gastos que "resulten estrictamente necesarios".

Ahora bien, la sentencia recurrida señala que esa modificación del artículo 31.1 LGT "...tiene naturaleza puramente aclaratoria, a fortiori, de modo que enfatiza que únicamente son subvencionables, al amparo de la LGS, los gastos que indubitadamente respondan a la naturaleza de la actividad subvencionada".

Y ello, explica la Sala de instancia, 

"... porque la causa de ser de este precepto no es otra que la de evitar que, por ejemplo, en materia de nóminas, la entidad subvencionada pueda decidir discrecionalmente el salario que abona a los empleados contratados con los fondos subvencionales, que recordemos que son fondos públicos que responden a una determinada finalidad. Con el artículo 31.1, tanto en su redacción original como en la posterior de 2011, se pretende evitar un fraude en el uso de los fondos subvencionales que se dirigiría a que terceros se enriquecieran sibilinamente sin que existiera posibilidad de control".

Pues bien, dado que compartimos el parecer de la Sala del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, sede de Sevilla, desde ahora dejamos anunciado que habremos de declarar no haber lugar al recurso de casación.

Ante todo, acierta la sentencia recurrida cuando señala que el debate que se suscita no se centra en determinar si el plus o mejora voluntaria que la recurrente abona a sus empleados, por encima de lo previsto en el convenio, constituye o no salario de acuerdo con la normativa laboral (artículo 26 del Estatuto de los Trabajadores), sino si esa cantidad adicional ha de costearse con fondos propios de la empresa o puede ser atendida con cargo a los fondos públicos de la subvención.

Así planteada la cuestión, es oportuno señalar que, como recordábamos en nuestras STS 672/2024, de 19 de abril (recurso contencioso-administrativo 1089/2022) y 608/2025, de 22 de mayo (recurso 75/2023), en el campo de las ayudas públicas y, más concretamente, en el de subvenciones, rigen los principios de publicidad, transparencia, concurrencia, objetividad e igualdad así como los principios de eficacia en el cumplimiento de los objetivos fijados por la Administración y eficiencia en la asignación y utilización de los recursos públicos (artículo 8.2 de la Ley 38/2003, de 17 de noviembre, General de Subvenciones).

Y, en relación con lo anterior, esta Sala ha sostenido reiteradamente que, con carácter general, debe exigirse al beneficiario de la subvención una conducta respetuosa con las obligaciones anejas a la ayuda que se le otorga y a la finalidad que le es propia; ello sin perjuicio de que en determinadas ocasiones pueda operar el principio de proporcionalidad para atemperar el rigor de aquella exigencia. Puede verse en este sentido nuestra STS 934/2026, de 20 de julio (casación 5268/2024) y las que en ella se citan.

Pues bien, de acuerdo con esos principios, compartimos el parecer de la Sala de instancia cuando señala (F.J. 11 de la sentencia recurrida) que << (...) el abono de las nóminas a los empleados contratados para la ejecución de la actividad subvencionada debe ir de la mano del cumplimiento de la normativa laboral y convencional, respetándose en todo caso las tablas salariales que resultaran de aplicación, que actúan como mínimos, sin que la percepción subvencional pueda ser instrumento para mejorar las condiciones de los empleados en virtud de pacto individual con ellos con cargo a los fondos subvencionales, pues en ese caso la mejora económica del empleado estaría siendo abonada con fondos públicos que han de acogerse necesariamente a un principio de eficiencia [...]>>. 

Por ello, consideramos acertada la conclusión que en ese mismo F.J. 11 de la sentencia alcanza la Sala del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, sede de Sevilla, en el sentido de que <<(...) todo empresario privado es libre de para mejorar el salario correspondiente según el convenio colectivo aplicable, pero habrá de hacerlo con cargo a sus fondos privados, y no los fondos públicos que representan una subvención, por lo que tales mejoras no son elegibles en los términos expresados en la LGS...>>.

Y tal apreciación debe mantenerse aunque el plus retributivo no sobrepase los valores de mercado pues este límite máximo establecido en el artículo 31.1, segundo párrafo, de la Ley General de Subvenciones, no puede llevar a ignorar lo dispuesto en el párrafo primero del precepto, que únicamente contempla como subvencionables aquellos gastos que de manera indubitada responda a la naturaleza de la actividad subvencionada y que resulten estrictamente necesarios para la realización de la actividad subvencionada, lo que no sucede con la retribución adicional a que se refiere la presente controversia.

En fin, tiene razón la representación procesal de la Junta de Andalucía cuando en su escrito de oposición al recurso de casación señala, respaldando el planteamiento de la sentencia recurrida, que el plus de retribución abonado voluntariamente por la empresa, por encima de los previsto en el convenio, no puede tener la consideración de gasto que de manera indubitada respondan a la naturaleza de la actividad subvencionada ni es un gasto que resulte estrictamente necesario para la realización de la actividad subvencionada.”

28.10.26

EL SUPREMO VALIDA LA PRESENTACIÓN EN SOBRE CERRADO


El artículo 16 de la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas, contempla que las comunicaciones y documentos a presentar ante la Administración pueden hacerse llegar, entre otros medios, a través de “las oficinas de Correos, en la forma que reglamentariamente se establezca”. 

Ello viene desarrollado por el Real Decreto 1829/1999, de 3 de diciembre, que aprueba el Reglamento por el que se regula la prestación de los servicios postales, cuyo art. 31 (en la misma línea que regulaciones anteriores) exige: (i) sobre abierto, que es obligatorio para que el empleado de Correos pueda estampar el sello de fechas en la cabecera de la primera página del documento original que se va a enviar; (ii) sello de la fecha tanto en el documento principal como en la copia; siendo esta fecha la que cuenta legalmente como fecha de presentación ante la Administración pública, independientemente de los días que tarde Correos en entregar físicamente el papel; y (iii) resguardo de admisión que acredita la presentación, donde constará la fecha y hora de la admisión. 

Este procedimiento especial que tiene validez de "registro administrativo" solo puede realizarse a través de Correos (la Sociedad Estatal Correos y Telégrafos, S.A.), ya que ostenta la condición de operador del Servicio Postal Universal; no siendo aplicable a través de una empresa de mensajería privada

Pues bien, la Sentencia del Tribunal Supremo de 29 de septiembre de 2026 (Rec. 643/2024) declara, en un supuesto en que el sobre se presentó cerrado, que “Ha de tomarse como fecha valida de presentación de un recurso administrativo la fecha en que el escrito se envía por correo postal certificado, aunque se presentase en la oficina de correos en sobre cerrado, siempre que en el certificado emitido por el servicio postal conste la fecha de presentación, el nombre del remitente (y este coincida con el recurrente o su representante), se especifique el órgano administrativo destinatario y no existan otros elementos de prueba que permitan albergar una duda razonable sobre la recepción del escrito por el órgano administrativo o que permita dudar sobre cuál era el verdadero contenido que llegó a las dependencias administrativas.” Una interpretación antiformalista que, no obstante, no será aplicable si existen dudas sobre el contenido del escrito (podía ser el recurso u otra comunicación) y no estén correctamente identificados el recurrente y el órgano administrativo.


Francisco García Gómez de Mercado Linkedin

Abogado

EL NASCITURUS FISCAL


Los artículos 29 y 30 del Código Civil disponen, respectivamente, que
“El nacimiento determina la personalidad; pero el concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables, siempre que nazca con las condiciones que expresa el artículo siguiente” y “La personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida, una vez producido el entero desprendimiento del seno materno”. Es decir, el no concebido no nacido (“nasciturus”, el que va a nacer en latín) se tiene por nacido para los efectos favorables siempre que nazca con vida y con entero desprendimiento del seno materno (salida de la madre y corte del cordón umbilical).

Un amigo quería hacer socia de su club de fútbol a su futura hija cuando todavía no había nacido (para él los efectos eran claramente favorables). Pero le contestaron que se esperase a que naciera.

En fin, una reciente sentencia considera al nasciturus fiscalmente, no como sujeto pasivo, pero sí como miembro de la familia a efectos de calcular la liquidación tributaria.

Concretamente, la Sentencia del Tribunal Supremo de 24 de septiembre de 2026 (Rec. 4114/2025) sienta la doctrina de que “en el Impuesto sobre Trasmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, el tipo reducido del 4% a la transmisión de un inmueble que vaya a constituir la vivienda habitual de una familia numerosa, resulta aplicable cuando el sujeto pasivo, en el momento del devengo del impuesto que grava la operación, es titular de una familia numerosa, definida en la Ley 40/2003, de 18 de noviembre, de Protección a las Familias Numerosas, incluyendo en la unidad familiar al concebido no nacido en ese momento y que sobrevive tras el nacimiento posterior. De esta forma, el tipo reducido del 4% se aplicará a las familias numerosas que, en el momento del devengo del impuesto, el tercer miembro de la unidad familiar es un concebido no nacido que posteriormente nace vivo y vive enteramente desprendido del seno materno”.

Con todo, un voto particular afirma, por el contrario, que “El art. 29 CC, por su parte, no tiene proyección alguna para configurar un beneficio fiscal que no es para el concebido no nacido, sino para otro sujeto distinto, el adquirente de la vivienda. La cuestión que debe decidir esta Sala no es si debe asimilarse al concebido con los hijos ya nacidos a efectos del concepto de familia numerosa, lo que corresponde al legislador, sino interpretar la norma que establece ese concepto, y en ese ámbito considero que el art. 2 LPFN no ofrece duda interpretativa alguna y tan solo permite computar los hijos nacidos efectivamente”.


Francisco García Gómez de Mercado Linkedin

Abogado

15.10.26

Desistimiento en licitaciones públicas

 


La Sentencia del Tribunal Supremo de 30 de septiembre de 2026 (Rec. 7320/2023) declara que  "en virtud del artículo 152.3 de la LCSP el requisito que la Administración debe observar para desistir de un contrato administrativo es la concurrencia de una infracción no subsanable de las normas de preparación del contrato o de las reguladoras del procedimiento de adjudicación, debiendo justificarse en el expediente la concurrencia de la causa. Es evidente que junto a ello deberá darse cumplimiento a las exigencias de publicación y notificación que imponen los apartados 1º y 2º del artículo 152."

"La aplicación al caso de la doctrina fijada debería ser suficiente para dar respuesta estimatoria al recurso de casación ello porque la sentencia de instancia habría incurrido en vulneración del artículo 152 de la LCSP por la exigencia acumulada de los dos requisitos para acordar válidamente el desistimiento.

Ahora bien, para confirmar esa decisión es necesario tomar en consideración dos cuestiones:

1ª) La relevancia que para esa respuesta estimatoria del recurso de casación tiene el planteamiento de la parte recurrida Garajes Indalo S.A, cuando sostiene que el recuro de casación debería ser desestimado pues, pese a lo sostenido por mercantil recurrente -Compañía Europea de Finanzas S.A.-, la sentencia de la Sala Territorial de Granada acordó el desistimiento sin exigir, acumuladamente, los requisitos de concurrencia de vicios no subsanable de las normas de preparación del contrato o de las reguladoras del procedimiento de adjudicación, y de concurrencia de razones de interés público. En esa línea expositiva considera que la aplicación de la doctrina fijada debe determinar la desestimación del recurso de casación.

Tal planteamiento de parte no puede ser admitido por esta Sala desde la literalidad del fundamento de Derecho Quinto de la sentencia recurrida, que ya hemos trascrito en el apartado B). b1) del fundamento de Derecho Primero. Es evidente que la sentencia recurrida exigió para el desistimiento ambos requisitos cuando la norma legal no exigía la concurrencia de razones de interés público. Por tanto y frente a ese alegato de parte, es evidente que la sentencia de instancia anuló el desistimiento administrativo por dos causas:

a) Por concluir que no concurre una infracción insubsanable de las normas de preparación del contrato o de las reguladoras del procedimiento de adjudicación: consideró que no estaba justificado, y menos que fuera insubsanable, el defecto derivado de la "accesibilidad y adaptación del edificio para las personas con discapacidad" -valorada con 6 puntos- «toda vez que, si la entidad mercantil codemandada, "Compañía Europea de Finanzas, S.A.U", podría verse afectada por el incumplimiento de dicho criterio, la solución jurídica no sería la de desistir del contrato, sino la de hacer una nueva valoración descontando la puntuación indebidamente asignada.»

b) Porque razona que "no colegimos de la resolución de la Secretaría General Técnica, de 27 de noviembre de 2020, razones de interés público para desistir del contrato" y "no constaba ya que no concurra interés público de la Administración autonómica para arrendar un inmueble que albergue los antedichos servicios administrativos.".

2ª) Que el escrito de interposición imputa a la sentencia de instancia un segundo vicio de nulidad en relación con ese recurso contencioso administrativo 1300/2020: la incongruencia por error cuando acuerda la exclusión de la mercantil recurrente -Compañía Europea de Finanzas S.A- de la licitación.

Este vicio no fue tomado en consideración en el auto de admisión del recurso para fijar la cuestión de interés casacional, pero nada nos dice la parte recurrida sobre la imposibilidad de su análisis. Lo analizaremos partiendo del criterio fijado por esta Sata Tercera en pleno no jurisdiccional celebrado el día 3 de noviembre de 2021, que decidió que: "el escrito de interposición puede extenderse legítimamente sobre todas las infracciones que habían sido apuntadas en la preparación, sin necesidad de limitarse únicamente a las identificadas en el auto de admisión como dotadas de interés casacional", siempre que se mantenga relación de conexión lógico-jurídica con la cuestión señalada en el Auto de admisión. En este sentido, es claro que nuestra decisión sobre el desistimiento nos lleva a la necesidad de dictar sentencia de fondo en aplicación del artículo 93.1 de la Ley jurisdiccional 29/1998 (LJCA) y, por lo tanto a que, como hizo la Sala de instancia, pueda resultar procedente la retroacción del procedimiento de adjudicación para que la Administración lo resuelva, siendo evidente que para hacerlo deberá aplicar los pliegos de la contratación y en ellos se regula el presupuesto de la superficie mínima del edificio ofertado por los licitadores.

Como hemos dicho la sentencia de instancia declaró que la proposición de la mercantil Compañía Europea de Inversiones S.A. (parte demandada en la instancia) debió ser excluida de la licitación por vulnerar la exigencia de superficie mínima que debería tener el inmueble ofertado, aplicando para ello los argumentos que la propia Sala de Granada había empleado en la sentencia que anuló la primera licitación, dictada en el recurso 1231/2013 (sentencia 194/2018).

La citada mercantil (hoy parte recurrente en casación) entiende que ese argumento parte de un error patente de apreciación jurídica del PPT de la nueva licitación, que difiere en este punto de las previsiones del PPT del proceso de contratación previamente anulado. Para ello aduce que el nuevo PPT (apartados 1 y 4), a la vez que contempla que en la superficie mínima necesaria estén incluidos los archivos y que puedan ubicarse en plantas sótano, ya no contempla los efectivos a ubicar en los sótanos del inmueble destinados a archivos, que fue el motivo de la nulidad acordada por el primer pronunciamiento judicial por ser contrario a las normas urbanísticas del Ayuntamiento de Almería.

La mercantil recurrida (Garajes Indalo S.L.) cuestiona esta alegación de error afirmando que el hecho de que la nueva licitación contemple la existencia de archivos en plantas sótano y que en dicho espacio no iría ubicado ningún puesto de trabajo, no altera la prohibición derivada de las normas municipales de planeamiento ni el alcance del anterior pronunciamiento judicial.

La Sala comparte esta última posición. Lo que la parte recurrente no toma en consideración, y, por tanto, no la cuestiona, es la argumentación empleada en la primera sentencia y que es la que nuevamente emplea para declarar la exclusión de la licitadora Compañía Europea de Inversiones, S.A.: "Ex abundantia, es manifiesto que la custodia del fondo documental y de los expedientes administrativos requeriría de "... un continuo trabajo de ordenación y supervisión, ya que es objeto de consulta tanto por interesados como por las unidades administrativas que tramitan dichas materias" (memoria-informe justificativa de la necesidad de arrendar un inmueble para ubicar la sede de distintos servicios de la Delegación Territorial de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible en Almería" (folio 113 del expediente administrativo). Esto está corroborado por el informe del Arquitecto del Ayuntamiento de Almería, de fecha 14 de septiembre de 2020, en el que se concluye que "... la calificación de oficinas, en planta sótano -2 no se permite" y que "la calificación de oficinas en la planta sótano -1 no se permite salvo que cuenten con iluminación natural y su techo esté un metro por encima del terreno o cota de referencia" (folios 368 y 369 del expediente administrativo), lo que se compadece con las propias palabras de la consulta realizada por la parte actora (folios 341 y 342 del expediente administrativo).". Este argumento es el que no ataca el escrito de interposición, que acude a una mera cita parcial del nuevo PPT. La existencia del error exigiría precisar, al menos, dos cosas (i) que las oficinas no estarán en el sótano 2, pero nada de ello se alega y no se excluye su instalación en ese sótano en el PPT; (ii) que la parte nada aduce sobre el contenido de su oferta sobre este extremo y su posible ajuste al PPT.

Así, la conclusión es que este segundo vicio de la sentencia -incongruencia por error- no puede ser admitido.

2.- Lo hasta aquí expuesto nos permite confirmar la conclusión inicial: que debe ser estimado el recurso de casación.

El efecto de esta estimación es la revocación de la sentencia de la Sala Territorial de Granada, en cuanto a su pronunciamiento 3º, que era la estimación del recurso contencioso administrativo 1300/2020 que determinó la nulidad de la resolución administrativa de 27 de noviembre de 2020, que es la que puso fin al procedimiento de contratación patrimonial por desistimiento de la Administración. La sentencia exigió un doble requisito que no era procedente."