La Sentencia del Tribunal Supremo de 24 de junio de 2026 (RC
7385/2024) aborda la cuestión consistente en “Determinar qué condición se debe
exigir a los técnicos que emiten informes en procedimientos de control
urbanístico, en cuanto a su régimen jurídico, funcionarial o laboral, y su
pertenencia a un determinado cuerpo o escala o basta una habilitación para el
ejercicio de funciones diferentes y superiores a las del cuerpo o escala de
pertenencia, todo ello en relación con la validez del acto administrativo
adoptado con base en dichos informes”.
Es decir, ¿si se prevé que un titulado superior en Derecho o Arquitectura del grupo A1 (el que requiere esas titulaciones) emita un informe, puede hacerlo, previa habilitación superior, un funcionario de otra categoría (aunque tenga esas titulaciones) o incluso una persona que no sea funcionario?
La cuestión no es baladí: si la ley prevé la emisión de determinados informes por determinados funcionarios de la Administración, la habilitación para su emisión por personal no funcionario o funcionarios de inferiores categoría ponen en cuestión el valor de esos informes, que, al fin y al cabo, se imponen para garantizar o intentar garantizar que la resolución sea conforme a Derecho y se tutelen adecuadamente los derechos e intereses de la persona interesada.
Partimos de la siguiente normativa:
“a) El artículo 9.2 del Real Decreto Legislativo 5/2015, de 30 de
octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Estatuto Básico
del Empleado Público establece: «Artículo 9. Funcionarios de carrera. [...] 2.
En todo caso, el ejercicio de las funciones que impliquen la participación
directa o indirecta en el ejercicio de las potestades públicas o en la
salvaguardia de los intereses generales del Estado y de las Administraciones
Públicas corresponden exclusivamente a los funcionarios públicos, en los
términos que en la ley de desarrollo de cada Administración Pública se
establezca».
b) El art. 92.3 de la Ley 7/1985, Reguladora de las Bases del Régimen Local establece: «3. Corresponde exclusivamente a los funcionarios de carrera al servicio de la Administración local el ejercicio de las funciones que impliquen la participación directa o indirecta en el ejercicio de las potestades públicas o en la salvaguardia de los intereses generales. Igualmente son funciones públicas, cuyo cumplimiento queda reservado a funcionarios de carrera, las que impliquen ejercicio de autoridad, y en general, aquellas que en desarrollo de la presente Ley, se reserven a los funcionarios para la mejor garantía de la objetividad, imparcialidad e independencia en el ejercicio de la función».”
b) El art. 92.3 de la Ley 7/1985, Reguladora de las Bases del Régimen Local establece: «3. Corresponde exclusivamente a los funcionarios de carrera al servicio de la Administración local el ejercicio de las funciones que impliquen la participación directa o indirecta en el ejercicio de las potestades públicas o en la salvaguardia de los intereses generales. Igualmente son funciones públicas, cuyo cumplimiento queda reservado a funcionarios de carrera, las que impliquen ejercicio de autoridad, y en general, aquellas que en desarrollo de la presente Ley, se reserven a los funcionarios para la mejor garantía de la objetividad, imparcialidad e independencia en el ejercicio de la función».”
¿Cuál era la situación planteada en el caso enjuiciado?
1º.- El técnico que emite los informes técnico-urbanísticos es personal
laboral con la categoría de Arquitecto Técnico.
2º.- El informe jurídico lo emite una funcionaria de carrera, a la sazón Licenciada en Derecho, pero perteneciente al grupo C2.
2º.- El informe jurídico lo emite una funcionaria de carrera, a la sazón Licenciada en Derecho, pero perteneciente al grupo C2.
Recordemos que ya la Sentencia del Tribunal Supremo
de 14 de septiembre de 2020 (RC 5442/2019) confirmó la nulidad de pleno
derecho de una sanción administrativa en cuya tramitación no se hizo otra cosa
que usar los escritos preparados por una empresa pública (incoación, informes,
propuestas de resolución), sin intervención de funcionarios. El Alto Tribunal concluyó que “la tramitación de los procedimientos sancionadores incoados por
las Administraciones Públicas han de ser tramitados por el personal al servicio
de tales administraciones sin que sea admisible que, con carácter general, de
permanencia y de manera continua, pueda encomendarse funciones de auxilio
material o de asistencia técnica a Entidades Públicas Empresariales, sin
perjuicio de poder recurrir ocasionalmente y cuando la Administración careciera
de los medios para ello, al auxilio de Entidades Públicas Empresariales, como
medios propios de la Administración, a prestar dicho auxilio o asistencia”.
Asimismo, la Sentencia objeto de comentario recuerda que la jurisprudencia previa de la Sala no dice lo siguiente: “Esta Sala
en STS de 26 de marzo de 2014 (Rcas 240/2013), con innovación de la SSTS de 19
de octubre 2005 ( Rcas 6033/1999) y de 13 de mayo de 2009 ( Rcas 562/2005),
establecía, todo ello con base en la doctrina de las STC 99/1987, de 11 de
junio, y 37/2002, de 14 de febrero, la siguiente doctrina en orden a la
distribución y provisión de los puestos de trabajo por personal funcionario y/o
laboral y los criterios jurídicos de interpretación del artículo 92.2 de la
LBRL. Señala esta sentencia:
«Los patrones interpretativos que para ese segundo inciso
delartículo 92.2 de la LRBRLse derivan de la jurisprudencia constitucional que
acaba de sintetizarse son, a juicio de esta Sala, estos que continúan:
1) Aquellos puestos de trabajo cuyas funciones o cometidos
exterioricen una actividad de la Administración que tenga una directa
trascendencia para la situación jurídica de otros sujetos de derecho (ajenos o
no a su organización), y en la por ello sean relevantes esas notas de
objetividad, imparcialidad e independencia, habrán de ser necesariamente
encomendados a personal funcionarial.
2) Corresponde a la Administración la carga de demostrar que en las funciones de un determinado puesto resultan indiferentes esas notas que han sido enunciadas.
3) Consiguientemente, la validez de los puestos de trabajo laborales estará condicionada inexcusablemente que, en el acto que los haya creado con ese expreso carácter contractual y no estatutario, esté bien visible y justificado que los cometidos y funciones profesionales asignados a los titulares de tales puestos, por sus específicas características, hacen indiferente esas notas de que se viene hablando”.
…
“La Sala ha hecho valer estas exigencias, no sólo en las sentencias a las que alude el auto de admisión, sino también en otras. Así las primeras concluyeron que era contraria a Derecho una encomienda de gestión por parte de una Confederación Hidrográfica a una sociedad pública estatal para que le auxiliara en la tramitación de expedientes sancionadores y, en consecuencia, desestimaron los recursos de casación del Abogado del Estado contra las sentencias de instancia que anularon la actuación administrativa por la delegación de tareas nucleares del ejercicio del ius puniendi, reservadas a los titulares de los órganos administrativos competentes, lo cual es contrario al artículo 9.2 del Estatuto Básico del Empleado Público.Y en el caso "... la intervención de la empresa contratada al efecto ha superado la intensidad que admite la jurisprudencia expresada en las sentencias n.º 1160/2020, de 14 de septiembre (casación n.º 5442/2019) y n.º 1265/2020, de 7 de octubre (casación n.º 5429/2019)».”
2) Corresponde a la Administración la carga de demostrar que en las funciones de un determinado puesto resultan indiferentes esas notas que han sido enunciadas.
3) Consiguientemente, la validez de los puestos de trabajo laborales estará condicionada inexcusablemente que, en el acto que los haya creado con ese expreso carácter contractual y no estatutario, esté bien visible y justificado que los cometidos y funciones profesionales asignados a los titulares de tales puestos, por sus específicas características, hacen indiferente esas notas de que se viene hablando”.
…
“La Sala ha hecho valer estas exigencias, no sólo en las sentencias a las que alude el auto de admisión, sino también en otras. Así las primeras concluyeron que era contraria a Derecho una encomienda de gestión por parte de una Confederación Hidrográfica a una sociedad pública estatal para que le auxiliara en la tramitación de expedientes sancionadores y, en consecuencia, desestimaron los recursos de casación del Abogado del Estado contra las sentencias de instancia que anularon la actuación administrativa por la delegación de tareas nucleares del ejercicio del ius puniendi, reservadas a los titulares de los órganos administrativos competentes, lo cual es contrario al artículo 9.2 del Estatuto Básico del Empleado Público.Y en el caso "... la intervención de la empresa contratada al efecto ha superado la intensidad que admite la jurisprudencia expresada en las sentencias n.º 1160/2020, de 14 de septiembre (casación n.º 5442/2019) y n.º 1265/2020, de 7 de octubre (casación n.º 5429/2019)».”
La Sentencia objeto de comentario considera que “la intervención vía
informe en el contexto del procedimiento en que nos encontramos (reiteramos:
procedimiento de restauración de la legalidad urbanística) supone una especial,
intensa, determinante y directa trascendencia para la situación jurídica del administrado,
(pues puede, como es el caso, determinar la demolición de una vivienda) y por
ello son relevantes esas notas de objetividad, imparcialidad e independencia lo
que determina su ejercicio por personal funcionario (como sostenía como
fundamento y justificación de ello nuestra STS de 7 de octubre 2020 Rcas
5429/2019 en el ámbito del procedimiento sancionador y apuntaba con carácter
general nuestra STS de 19 octubre de 2005 (Rcas 6033/1999) en la línea de la
doctrina de las STC 99/1987, de 11 de junio, y 37/2002, de 14 de febrero)”;
y añade que “nuestra jurisprudencia ha aplicado el criterio de la intensidad
a la hora de determinar su ejercicio por funcionario de carrera con resultado
anulatorio no solo en procedimientos sancionadores aunque, efectivamente, en
estos sea más patente el ejercicio directo o indirecto de potestades públicas
derivadas del ius puniendide la Administración (nos remitimos a las sentencias
expuestas).
De cualquier modo, aunque no nos encontramos ente un procedimiento
sancionador, en el presente caso nos encontramos ante un procedimiento coactivo
que se integra en el ámbito de la disciplina urbanística (junto con el
procedimiento sancionador).
Es cierto que estos procedimientos (el de restauración y el
sancionador) tienen una naturaleza distinta, como ha señalado la
jurisprudencia, y son procedimientos diferentes, autónomos, con finalidades
distintas (la restauración persigue eliminar la situación ilegal; el
sancionador castigar al responsable por una conducta infractora) y que pueden
coexistir o no, siendo plenamente compatibles. Pero no es menos cierto que
ambos nacen como consecuencia de la constatación, prima facie,de una actuación
ilegal en materia urbanística, que ambos se integran en el ámbito de la
disciplina urbanística de tipo coactivo (compartiendo como fundamento general
la protección de la legalidad urbanística) y que ambos constituyen el ejercicio
de una potestad administrativa de intervención de cualificada intensidad que
producen, a los efectos que nos ocupan, una especial, intensa, determinante y
directa trascendencia para la situación jurídica del administrado. Y esta
caracterización del procedimiento unido a la intensidad de la intervención del
personal es lo que exige su ejercicio por personal funcionario, como garantía
de objetividad, imparcialidad e independencia y cuya infracción, por ende,
determina la nulidad de los actos administrativos”.
Además, los “informes urbanísticos emitidos en el procedimiento
eran, efectivamente, informes no vinculantes, pero ello no excluye su
relevancia y trascendental importancia a los efectos que nos ocupan.
Tales informes (preceptivos) no vinculantes son, como ya hemos
señalado, sustantivamente determinantes en el contenido final de la resolución
administrativa y, por ende, tienen una especial y directa intensidad y
trascendencia para la situación jurídica del administrado suponiendo ejercicio
de potestad pública. Tal es así que el informe técnico urbanístico es tenido en
cuenta y sirve de base para el informe jurídico, como no podía ser de otra
manera; y a su vez la resolución final transcribe este informe jurídico como
toda base fáctica y jurídica para la decisión final por el alcalde. No basta
con que la iniciación, tramitación y resolución final del procedimiento se
realizase por los órganos competentes del Ayuntamiento, sino que lo relevante
es que las actuaciones administrativas desarrolladas en su seno que por su
intensidad supongan ejercicio directo o indirecto de potestades públicas o
ejercicio de autoridad en los términos expuestos, sean ejercidas por personal
funcionario.”
Pues bien, “sería posible admitir, en atención a las concretas circunstancias y con sujeción a requisitos estrictos (entre otros, el de la competencia y cualificación técnica), la intervención de funcionarios de distinta categoría para el desempeño de otras funciones que no son propias de su puesto de trabajo en casos justificados y con carácter ocasional o puntual, pero ello en intervenciones de mero auxilio o asistencia y conforme a la normativa de aplicación; sin embargo no puede admitirse en una intervención de tal intensidad como la que nos ocupa y en virtud de una habilitación administrativa no puntual sino con carácter general y de permanencia o continuidad en su ejercicio.”
Y por todo ello se fija la siguiente doctrina:
“La emisión de informes técnicos (técnico-urbanístico y técnico jurídico) en los procedimientos de restauración de la legalidad urbanística que sean determinantes de la resolución administrativa final deben verificarse por personal funcionario y sin que los mismos puedan ser emitidos por personal funcionario del Grupo C2 en virtud de una habilitación administrativa para el ejercicio de tales funciones diferentes y superiores a las del cuerpo o escala de su pertenencia, todo ello con incidencia en la validez del acto administrativo adoptado con base en tales informes.”
Una doctrina trasladable, en principio, a aquellos casos en que se den las mismas o semejantes circunstancias en cuanto a intensidad en la emisión de informes jurídicos o técnicos.

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